La oscuridad, está aquí [Historia]
Oscuridad, es todo lo que puedo recordar, desde que nací hasta este momento, la soledad también me acompaña, me hace cobijo en mis peores momentos, los cuales son siempre, veo todo a mi alrededor y sólo veo sombras, moviendose de una lado a otro, floto, navego en la penumbra, no hay nada a mi alrededor salvo oscuridad, soledad, es una palabra que define todo mi ser, no veo cuando amanece o cuando anochece, son términos que desconozco.
Una luz, veo una luz encima mío, como a millones de años luz, que ironía, me apresuro para llegar, de seguro debe haber alguien ahí, debe haber vida, justo en el momento en el que voy a llegar la luz se desvanece de mi alcance y la oscuridad vuelve a cernirse sobre mí, y la soledad regresa, abriendo su puerta y tendiendome su mano en señal de bienvenida.
Ha pasado un tiempo desde la última vez que ví la luz, hubo un par de veces, pero siempre desaparece cuando voy a llegar, he estado cazando la luz y creo saber en donde estará en la proxima vez que aparezca, solo es cuestión de acercarme al lugar, al cabo de un tiempo la luz aparece nuevamente, siguiendo mi plan logró ir a la luz, y lo veo.
Una habitación, sus paredes tienen un color verde con un estampado de rayas de un verde más claro, no veo el techo, pero puedo ver una mesa con un silla, viejas, parecen algo pesadas, de un tono café oscuro, hay una librería negra, con varios estantes llenos de libros, los hay de formas muy diversas, azul, verde, rojo, amarillo, naranja, café, blanco, oscuro, gruesos, grandes, pequeños, nuevos, viejos, cerca de la mesa hay una lámpara grande, emitiendo una luz potente, esa luz debe ser la que ví, en el centro de todo hay un señor, viejo, vestido de manera elegante, con un pantalón, unos zapatos finos, un traje negro, sin cabello, y con unos lentes muy oscuros, es como si toda la habitación tuviera ojos y estos lo vieran, el espectáculo principal, el viejo está recitando unas palabras en un lenguaje que no logro comprender, cuasi armoniosa, una especie de canto, que me encanta, su voz melodiosa y dulce atrae toda mi atención, me embruja, me tenta a salir del suelo y llegar a esa voz, meterme en el, y poseerlo. Con todas mis fuerzas intento salir, pero el señor solo se asusta, dejando de cantar comienza a gritar, coje la silla y con un ímpetu jovial empieza a pegarme con la silla, sus alaridos, sus gritos, manifiestan un horror, un miedo a lo desconocido, son tantas veces que me golpea que la silla se desfigura y yo me retiro para no sentir dolor.
Humillado, avergonzado me recluyo en la oscuridad, en la soledad, para trazar un plan de venganza, yo voy a salir de este lugar, de una manera u otra, y ese hombre va sufrir las consecuencias de haberme atacado.
Pasa un tiempo sin que aparezca la luz, pero esta bien, la paciencia es una virtud mía, esperaré hasta que aparezca nuevamente, No pasa mucho para que la luz haga presencia, y con ella, la melodiosa voz, al llegar nuevamente, contemplo el mismo escenario, el librero, la lámpara, la mesa, una silla nueva, las parades del mismo color, y el hombre parado cantando con el mismo traje, cantando, no se ha dado cuenta de mi presencia, aprovecho la oportunidad para subir por las paredes, y empujar el librero hacia adelante, al caer, los libros se desploman y algunos vuelan a rincones del lugar, una nube de polvo encubre mi ser, y el viejo asustado deja de cantar, antes de que agarre la silla, hago explotar el foco de la lámpara, y la oscuridad entra e inunda todo el lugar, yo ya estoy acostumbrado a ver, pero mi oponente no, lo tomo desprevenido jalandole los pies, haciendo que se caiga de espaldas, mando a volar la mesa junto a la silla a una pared frente mío, se desploman y caen en miles de pedazos, el hombre comienza a llorar, a gritar, sus alaridos me llenan de más fuerzas, su miedo me alimenta, su desesperación me llama, salgo de las paredes, del suelo y del techo, poso mi mano en su cuerpo, alargandose y sujetando todo su torso, y con la otra mano sujeto sus piernas, el rostro del hombre se desfigura al verme, sus gritos son inhumanos, comienza a retorcerse para liberarse de mis manos pero no logra, el miedo, el terror invade su cuerpo, la desesperanza reina el lugar, no hay nada que pueda hacer, con suma facilidad regreso a la oscuridad, pero ya no estoy solo, el hombre me acompaña.
Ha pasado un tiempo y el hombre ha dejado de moverse, se ha puesto tieso, de un tono azul, ya no me sirve, empujo su cuerpo junto a la pila de otros cuerpos, tiesos y azules, flotando en un vacío lleno de soledad y oscuridad, donde el miedo y la agonía son los mejores acompañantes.
Estoy solo nuevamente.
Una luz aparece.

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