El escritor [Historia]
Tecla tras tecla, las hojas se llenaban de letras, de palabras y consecuentemente de oraciones y parráfos, el escritor meditaba, se detenía un momento, tras un breve lapso continuaba escribiendo, su habitación estaba a oscuras, la única luz provenía de una lámpara de mesa, a lado de la lámpara se encontraba su máquina de escribir, a lado de esta una foto de una familia vivaz y alegre, su silla relinchaba, crujía, ya no podía soportar, las teclas de su máquina pedían auxilio, lo reclamaban, la fuerza de los dedos del escritor rebasaba la resistencia de las teclas, en su habitación solo había la mesa con sus cosas, su silla, una cama lúgubre y sencilla, una manta azul con una almohada azul, una ventana en frente de su mesa, con las cortinas cerradas, y una puerta cerrada, es una pequeña habitación, para un gran escritor.
Súbitamente de la cama una aparición se proclamo, la imagen de una mujer acostada, apoyada en su codo y con una rodilla levantada, de manera sensual y provocativa, implorando que el escritor se acostará, su pelo era largo y suave, su mirada fría, sin expresión alguna pero con solo mirarla a cualquiera le provocaría el deseo de acostarse en la cama, la aparición silbaba, una canción armoniosa, lenta, y cansadora, todo estaba diseñado para que el escritor se acostará, pero el hacía caso omiso de sus porvocaciones, sabe muy bien que si se acuesta, será su fin.
Los ojos del escritor comenzaron a pesarle, sus hombros le dolían como si miles de rayos impactarán sobre él, sus dedos comenzaban a moverse lentamente, de un momento a otro comenzaba a cabezear, cerraba sus ojos por un momento y toda su cabeza se venía abajo, era un estado infernal, pocos hombres merecen tal castigo.
No importa que, el escritor seguía haciendo uso de su oficio, tenía que seguir, el sonido de sus dedos golpeando las teclas inunda su habitación, en un abrir y cerrar de ojos, otra aparición en frente de su maquina, esta vez la de un señor, viejo, con una mirada solmne criticaba en silencio el trabajo del escritor, con un bastón apoyandose lo golpeaba indicando un error, el escritor se ponía nervioso por cada golpe del bastón, por cada gruñido del anciano una vergüenza se apoderaba de el escritor, no podía continuar, avergonzado y cansado, terminar su trabajo pronto era su única misión.
Su vida corría riesgo, ¿la apuesta? Vivir o morir, escribir un libro en un día, si no lo completaba, moría, solo le queda una hora al escritor para terminar el libro, cada vez el anciano golpea más rápido, y la mujer silba más fuerte, cada vez más fuerte y más estruendoso, ya no puede soportarlo más.
-¡Silencio! ¡Dejenme terminar mi libro, mi vida está en juego, y no es un juego! Anciano, tu tiempo ya paso, es hora de que permitas a los más jóvenes vivir, aventurarse a lo desconocido y tener lo que tu ya no tienes, tarde o temprano morirás, no puedes aferrarte a algo que ya no te pertenece, dáselos a los jóvenes, ellos tienen todas las energías que a ti te faltan, y todo el tiempo del que ya no cuentas. Mujer, el descanso es glorioso, no permitas que se transforme en algo penumbroso, deja vivir en paz, el sueño le llega a cada quien a su manera, tarde o temprano todos dormiremos. Dejenme terminar mi libro, pues mi vida está en juego.
Dicho esto, las apariciones se mirarón, sonrieron y desaparecieron, con el poco tiempo que le queda, el escritor pone el punto final al último párrafo del libro, y con eso su vida es ganada.
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